Entrovia

Escribo este legajo en el noveno día del mes de maius del año 205 según la cronología de los Monron, contado a partir de la coronación del Rey Sarión I "el Justo". Voy a escribir este diario con estas fechas en lugar de usar el sacro calendario Kiltasi, para que cuando mis palabras sean leídas por el vulgo del lugar pudiesen ser mejor entendidos los aconteceres que relataré.

Mi nombre es Ulwanivahra, y soy un erudito al servicio de los clérigos de la Diosa Brishna. Fui nacido en Vidasha-Dara, capital del antiguo reino kiltasi, y un buen día mis superiores tuvieron a bien mandarme a conocer lejanas tierras. Alguien me dijo que fue un castigo por hablar demasiado claramente de ciertos temas. Bien, no me importa. Mi misión de conocimiento está por encima de mis comodidades y deseos. Simplemente debo asumir que ahora habito en este peculiar y lejano reino sureño llamado... Entrovia.

   

 

 

De mi llegada a Entrovia.

El lugar donde recalé hace unos meses con la nao que me condujo hasta aquí acabó siendo una pequeña ciudad costera, aunque realmente activa: Rivanegra. Aquí acontecieron en años pasados historias de las que pocos gustan hablar, pero que muchos recuerdan con miedo... y otros con orgullo.

Lejos de este lugar quedaban Uthgard, esa ciudad cosmopolita donde otrora se elevaba una iglesia sin igual antes de ser destruida por el fuego (iglesia por cierto cuya construcción fue ordenada por el propio prior de Rivanegra hace ya tiempo); y también lejana quedaba Sierravalle, lugar desde donde la estirpe real de los Monron ostentaba su poder.

Tras la sangrienta guerra civil entrovina fue depuesto el rey niño Gindarth I de Monron, tataratataranieto de Sarión I, y junto a él cayó su padre el despótico regente Barthalion. Ahora es el noble y justo Zagor I de Monron el depositario de la corona, aunque se rumorea que la antes virreina Targath junto a su esposo el Duque de Furnoth ejercen una regencia no oficial, pues es conocido que Zagor "el Unicornio" no disfruta con la política y los tejemanejes de la corte.

El reino se divide en numerosos ducados, cuyos duques sirven de regentes territoriales al monarca como leales súbditos que son. Algunos de ellos, los más favorecidos por la gracia real, pueden contar en sus tierras con alguna de las afamadas minas de diamantes de Entrovia. La mayor parte de la riqueza del país surge de estas aparentemente inacabables fuentes de piedras preciosas. Por otra parte, el hecho de que la mayor parte de los mineros sean esclavos y convictos no les ha dado muy buena fama entre los delincuentes.

DE LAS ÓRDENES DE CABALLERÍA Y OTRAS HERMANDADES SAGRADAS

Dedicaré unos párrafos a hablar de los caballeros del reino de Entrovia y otros grupos similares. Sus órdenes son ya legendarias, y simbolizan los más altos valores que un individuo puede alcanzar en su vida sin tener en cuenta la religión, por supuesto. La primera, la orden Real de los Caballeros del León. Fueron la fuerza de élite del rey Gindarth I, pero tras la traición de Barthalion juraron fidelidad a Zagor de Monron y lucharon junto a la virreina Targath, en la guerra contra Sierravalle. Su arrojo y valor fueron decisivos durante las contiendas y muchos de sus caballeros murieron en la guerra. Los entonces escuderos empiezan a ser ordenados con todos los honores de caballero, aunque la orden aún se encuentra un tanto escasa de miembros de pleno derecho.

Después tenemos a los siniestros caballeros y damas de la Orden de la Flor Negra, más conocidos entre los de su clase como caballeros negros a secas, debido a los colores que gustan vestir. En su día, la orden fue creada por un gobernador que inició un conato de rebelión contra la corona, para defender quién sabe qué intereses. Tras firmar la paz con el entonces rey, la orden se integró al servicio de su majestad, aunque siempre han mantenido una cierta independencia. Durante mucho tiempo el rey los utilizó para los trabajos sucios, y el secretismo con el que actúan les ha hecho ganar una inmerecida fama. Se rumorea que espías y asesinos componen el grueso de la orden. O incluso que albergan entre sus filas a adoradores de los demonios; o que pactan con ese mito, los terribles Sarkul'Has, caballeros vengadores de los dioses oscuros, para lograr sus propósitos. Una extraña orden de caballería, sin duda. Nadie ha sabido nunca quién es su líder.

Sin embargo, tras la traición de Barthalion, la gran mayoría de caballeros negros se mostraron leales a Zagor y lucharon con valor en el bando de Uthgard. Una parte de los caballeros se mostró favorable a Barthalion, y se escindieron de la orden, formando la Orden de la Orquídea. Los caballeros de la Flor negra acusan a los caballeros de la Orquídea de haber labrado esa negra fama que rodea a la orden.

Hay otra orden menor, escindida de los caballeros del León en tiempos inmemoriales. Es la orden del Águila, que acoge entre sus filas a cualquiera que pueda sostener una espada y aprender a manejarla. Defienden la igualdad entre clases, algo que no está muy bien visto entre los nobles. Se les llama los caballeros pobres. El resto de su clase los miran por encima del hombro, pero son fieles y valerosos guerreros. No son de menospreciar, pues gozan de una hermandad sin igual entre ellos. Ni que decir tiene que son los más queridos por el pueblo, claro.

Y por fin, la Sagrada Orden de los Paladines de Brishna, la diosa Blanca: los Kshatriya. Junto a sus hermanos de fe los Shun'karith de Rugan, estos siervos de la iglesia son el brazo armado del Panteón de la Luz. No son originarios de este reino sino de la norteña SiriocitriaKiltasi, una teocracia que podríamos encontrar más allá del Imperio Mydonita, y de la que yo mismo provengo. En Entrovia el culto a Brishna no tiene tanta repercusión como el culto a Rugan, que ahora está floreciendo de nuevo unos años después de su debacle en Uthgard; pero el talante más bondadoso de los clérigos de la Diosa de la Luz les está haciendo ganar cada vez más seguidores. Cada día es más frecuente verlos en Entrovia.

Hay también una especie de hermandad que venera a la Madre Tierra, los llamados caballeros y damas Aesires. Pero son raros en la civilización, y nadie sabe muy bien de donde proceden, o si tienen algún lugar al que llamar hogar aparte de los bosques que tanto defienden. Ensalzan la libertad y reniegan de cualquier atadura ideológica, y se les puede encontrar luchando, combatiendo la injusticia y la opresión en cualquier lugar del mundo. Dicen que los animales les respetan, y que su espada está guiada por las fuerzas de la naturaleza. No tienen símbolos ni enseñas, aunque algunos visten unas ajadas sobrevestas acuarteladas en marrón y verde. No es que oculten su condición, sino que simplemente no hacen ostentación de ella. Sólo se les distingue por su grito de guerra: "¡Libertad o muerte!". Si alguien oye esto, que procure no estar en el bando contrario, pues no se conoce que un aesir haya huído jamás de un combate.

Bien, aquí haré descansar mi pluma. Supongo que es hora de retirarme a orar. Si los dioses me dan fuerzas, seguiré más tarde con otras descripciones que clarificarán todo lo que en Entrovia e incluso en el continente de Hirkam es de interés.