LOS
REINOS DE HIRKAM

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Bort,
con sus interminables llanuras, es el norteño hogar de los bárbaros.
Tierra virgen por excelencia, sólo hollada
por las tribus de cazadores y guerreros bortais, que cuidan de
su territorio con fiereza leonina. Dos de sus líderes murieron en
los últimos años en Entrovia. Curiosa coincidencia.
Las luchas fronterizas entre bortais y mydonitas
son más frecuentes, por lo que acuden menos bárbaros a
estos lugares. Tienen que cuidar de los suyos. A los puertos
entrovinos como el de Rivanegra a veces acuden bortais en sus
sólidos barcos, aunque es raro que lleguen más allá de Almayor.
Suelen quedarse en los puertos orientales del reino. No pocos
afirman que los que llegan más allá lo hacen por intereses más
bien poco confesables, como los de tomar al abordaje naves mydonitas
cargadas de riquezas. Eso sí, si queréis encontrarles llegaos
hasta las tabernas de la ciudad. Esos antros de vicio y perversión
son su hábitat favorito.
Hablemos ahora del Imperio
de Mydon. Los mydonitas son buena gente; algo altivos,
pero buena gente. Son tan civilizados como se puede esperar de
un reino rico y con grandes recursos. Sus máquinas de guerra atemorizarían al más
pintado, si bien siempre han envidiado las minas de diamantes
entrovinas.
Los prisioneros y esclavos que trabajan en ella no las echarían
de menos, eso sí. Si queréis reconocer a un mydonita,
lo mejor es observar sus ropajes, suelen vestir muy
elegantemente, y caminar
muy estirados y orgullosos. En cualquier caso, no os dejéis engañar
por su presencia impoluta. Son afamados guerreros, manejan las
espadas como pocos, y sus disciplinadas falanges han aplastado
en el pasado a los enemigos más encarnizados, incluidos en
ocasiones los bortais,
en sus guerras fronterizas.
Si sois originario de Shyrm,
no os juzgaré de antemano, como muchos en Kiltasi harían. Seríais
condenado con seguridad a la hoguera sin mediar más que un
precipitado juicio por parte de los inquisidores del lugar. Aquí en
Entrovia no se puede actuar así, aunque a algunos ruganitas les
pese. Los magos han estado enfrentados en el pasado a los clérigos
en multitud de ocasiones, lamentablemente. Algunos creen que se
pueden tender puentes entre ambas culturas, pero sus voces apenas se
oyen. Shyrm tiene
a su alrededor una enigmática leyenda negra que habla, y no muy
bien, de sus dirigentes ansiosos de poder. Sin
embargo, los pocos shyrmitas que llegan hasta aquí parecen contentos
de sus gobernantes. Poco sé de ellos; de hecho, muy pocos saben
más de Shyrm, el reino de los magos. Sólo sé que sus torres de
hechicería albergan secretos inconfesables y extraños rituales
impíos. Que Brishna los saque de su oscuridad.
Por último, si procedéis
de Siriocitria-Kiltasi,
como yo, permitidme que un compatriota os salude desde estos
párrafos. Desde esas lejanas y frías tierras pocos sacerdotes
o paladines llegan hasta aquí (y ahora menos, tras los
desgraciados incidentes antes y durante la guerra civil). Los sidha,
kshatriyas y Shun'Karith han demostrado
su valor y su bondad a menudo, y solo por ello merecen respeto
y admiración. Recuerdo con nostalgia las más impresionantes catedrales
que jamás el hombre haya visto, sus vidrieras y sus mármoles, que dejan a las construcciones
de esta humilde ciudad a la altura de las cucarachas. Pero no
pequemos de arrogancia; en el orden universal, hasta las pequeñas
cosas tienen su valor. El culto a Brishna, la diosa de la Luz, aún está poco extendido
en este reino, pero es muy respetado. Es la diosa
madre
del dios Rugan, al fin y al cabo.
Apenas dedicaré espacio a otras razas como los elfos, enanos y
draks en esta ocasión, pues es la raza humana la que estoy
describiendo. Quizá cuando describa a las razas del continente. Sed
paciente pues.
Las
Tierras Lejanas
En Entrovia se denomina con ese nombre genérico a las tierras
más allá de Bort , que son consideradas
casi como desconocidas en el mundo civilizado (quizá exceptuando a
Shyrm, que parece estar atravesando una época un tanto más
aperturista). Son las
Tierras del Hielo, las Llanuras del Este, Khitai y las Tierras
Rotas del Noroeste. Poco hay que decir de ellas porque poco se
conoce, pero intentemos al menos dar algún apunte de cada
una.
Las Tierras del Hielo
Las Tierras del Hielo son una inmensa meseta en el norte y noroeste
del continente, con eternas placas de hielo, surcada por titánicos
glaciares que discurren del norte hacia el sur, que en ocasiones
han invadido Siriocitria-Kiltasi, y que pierden su fuerza al llegar
a las estribaciones de las cordilleras que protegen a las llanuras
del norte de Bort. Entre los escasos seres vivos que podemos encontrar,
hay una pequeña raza que dicen en su día perteneció a
los Clanes Bortai: los Iskim, que sobreviven en algunas zonas algo
más benignas del sur de las Tierras del Hielo, protegiéndose
como pueden del terrible clima. Tampoco podemos olvidar a los Yazzteeh
(pron. Yas-tii), unas poderosas criaturas simiescas y
albinas, medio hombres medio bestias, de las que se contaba que en épocas
de frío glacial llegaron a atravesar las Montañas Rojas
y a atacar a las tribus bortai más norteñas en busca
de alimentos. No está claro que sean reales o una invención de las
ancianas bortai para asustar a los niños.
En cuanto se viaja un poco más al norte de las zonas
que habitan los Iskim, aparte de flora y fauna muy protegidos
contra las temperaturas de la zona, no hay nada más
que tempestades de nieve, blancura infinita y un frío
mortal de necesidad.
Hay numerosos mitos y leyendas que rodean a esta terrible
tierra, que por otra parte posee una belleza inconmensurable.
Los más ancianos bortai afirman que en algún
valle remoto más allá de las Montañas
Rojas, existe un paraíso sagrado adonde, si algún
dichoso mortal logra llegar alguna vez, alcanzará la
inmortalidad. Y un último mito: en las Tierras del
Hielo habita el Brujo Blanco, un hechicero de poderes comparables
con los de los mísmísimos dioses, cuyas tormentas
de granizo envía por todo el continente para castigar
a los hombres por su arrogancia.
Las Llanuras del Este
Estos territorios son casi una prolongación de Bort
hasta alcanzar la costa oriental, y al norte hasta la frontera
con las Tierras Rotas. Se suceden las selvas peligrosas y
las grandes planicies habitadas por hambrientos predadores
de gran tamaño, si atendemos a lo que cuentan los
pocos que han llegado hasta aquí. No son raros los
relatos de valientes comerciantes que pretendían llegar
a Khitai por tierra y se han encontrado con inmensos saurios,
tigres descomunales con colmillos de un metro de largo, y
otros relatos aún más fantásticos. Pero
algo de cierto debe haber en todo ello, cuando en sus antiquísimos
orígenes los duros antecesores de los bortai prefirieron
abandonar esos territorios para venirse más al este,
donde la lucha por la supervivencia era un poco menos
exigente.
Se rumorea que distintos grupos de hombres
salvajes (o quizá elfos) habitan alguna de estas inhóspitas zonas.
Los bortai los conocen por diferentes nombres: los Urdwan (hombres fantasma),
los Ikki (pequeños hombres)... Que se sepa, nadie
mantiene ningún tipo de relación con ellos,
si es que existen.
Las Tierras Rotas
El paraje que ofrece este lugar no tiene parangón
en todo el continente. También se le conoce como el
País de los Mil Volcanes, y tal descripción probablemente
se quede corta. La inmisericorde lava solidificada cubre
por completo todo su territorio, fruto de las continuas erupciones
que se suceden sin cesar en uno u otro punto de su geografía.
También es cierto que gracias a ellas, incluso en
las zonas más septentrionales, se producen microclimas
muy benignos, tanto o más que en los pueblos sureños
de Entrovia. Pero poco o nada puede subsistir en un lugar
donde la flora más común, si es que se les
puede llamar así, son el curioso liquen y la seca
aulaga (y ni siquiera proliferan demasiado). Apenas unos
pocos lagartos y algunas otras bestias que se alimentan de
ellos, como los venenosos Rath-ja y los sapos azules (que
también pueden comer lava), subsisten aquí.
Khitai
Esta tierra es la excepción de todas las Tierras
Lejanas. Es un lugar con habitantes bárbaros, pero no menos
civilizados que los propios bortai, de los que podrían
descender. Su cultura, basada en la familia y el honor, ha
logrado prosperar en la isla, e incluso algunos de sus oriundos
habitantes de rasgados ojos han viajado por todo el continente. Antiguamente,
apenas eran conocidos (excepto por los shyrmitas, con los
cuales mantienen relaciones comerciales hace mucho tiempo),
pero ahora su nombre e historia son más escuchados
en ciertos ambientes. Subsisten gracias a la abundante pesca
y caza del lugar, y hace escasas décadas han iniciado
relaciones comerciales con otros países, proporcionando
exóticas telas y curiosos objetos de arte a la nobleza
hirkamita. Se rumorea que sus guerreros usan extrañas
técnicas de combate, y son capaces de proezas inhumanas.
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